Qué tiene "Tony Manero" que encantó a Cannes

Fuente:Revista Wiken

Un obsesivo imitador de John Travolta en 1978, la onda disco sonando fuerte y un protagonista, Alfredo Castro, comparado con Al Pacino. Sume mucha provocación, y tendrá las razones que convirtieron a este filme en un hito en Cannes. Ahora se estrena en Chile y muchos podrán amarlo u odiarlo, pero nadie quedará indiferente. Estos son los pasos que explican el éxito de "Tony Manero" .


POR ERNESTO GARRATT VIÑES

La performance de "Alf Pacino"

PASO 1

Alf Pacino. Así le dicen sus cercanos al actor Alfredo Castro desde que en mayo pasado, en la euforia del Festival de Cannes, fue comparado por la crítica del diario Le Monde con Al Pacino. Castro dejó a los especialistas de cine de la prensa europea con la boca abierta cuando lo vieron interpretar a Raúl Peralta en "Tony Manero", cinta que participó en la sección Quincena de realizadores. Raúl Peralta es un perdedor de 50 años que vive, en el Chile de 1978, para ser el doble de John Travolta y su personaje Tony Manero en "Fiebre de sábado por la noche". Está tan obsesionado, que va a los cines rotativos del centro de Santiago una y otra vez para mirar en la pantalla grande a su ídolo sufrir como un chico pobre de Brooklyn, cuyo único talento es bailar con su traje blanco patas de elefante, con la pose perfecta, una mano arriba, la otra en la cintura, la bola de cristal girando mientras suenan los setenteros Bee Gees de fondo. Pura onda disco, pura evasión para un hombre chileno, sin dinero, sin norte y con una obsesiva idea en la cabeza, ser Tony Manero a como dé lugar y ganar un concurso de dobles en "El Festival de la Una". "Alfredo (Castro) se metió intensamente en el papel. Él escribió una primera versión del guión, fue una pieza fundamental en la creación de su personaje, fue todo un aporte", dice Pablo Larraín, director de la cinta. Castro, de esta manera, se entregó en cuerpo y alma a un rol intenso y desgastador, que nunca deja de estar en pantalla y cuya mayor exigencia es transmitir la enajenación de un tipo enfermo, que es capaz de hacer todo para desarticular a sus contrincantes, sin diálogo de por medio –Raúl Peralta apenas habla– y sin muchas explicaciones que aclaren las causas de su comportamiento. El propio Castro se ha referido al punto: "Tuve que dejar de lado varios pudores, bajar la guardia en varios sentidos para darle vida a mi personaje. Un patético hombre viejo que quiere ser igual a Travolta, un hombre joven, atractivo, nada que ver a él". Y Castro dice que lo más duro en ese sentido fue mostrar su físico en una escena en calzoncillos, mirando por una ventana: "Me mostré por entero cómo me veo, cómo es mi imagen, en cine, en pantalla grande, y esa toma en particular fue dura de hacer por eso mismo".

La recreación de los 70

PASO 2

Las películas de época son las más complejas de realizar porque exigen recrear un mundo que ya no existe. Y las condiciones básicas para recrear el mundo de 1978 de "Tony Manero" eran dos: que aparecieran trozos de la película "Fiebre de sábado por la noche", estrenada ese año en salas chilenas, y de la música de los Bee Gees que hace bailar a John Travolta. Y ninguna fue fácil. Tres semanas antes de partir a Cannes, cuando ya estaban seleccionados, los productores no tenían los derechos de ninguna de las dos cosas y no sabían cómo contactar a los productores americanos para comprar los derechos de las imágenes y la música tan rápidamente. "No podíamos sacar esas imágenes de la película porque, si no, la historia se desinflaba", recuerda Juan de Dios Larraín. Desesperados, contactaron por accidente al poderoso productor de Hollywood Mike Medavoy, el hombre detrás de "Terminator" y "Zodiac". El productor vivió en Chile entre los cinco y quince años, conocía a un vecino de los Larraín, quien les dio el dato. En sus estudios de Hollywood, Mike Medavoy leyó en su e–mail un correo que decía "Chile" y lo abrió. Se enteró sobre el dilema de la película y ayudó a los cineastas nacionales, quienes debían además conseguir un permiso del mismísimo John Travolta para autorizar el uso de las imágenes. Gracias a Mike Medavoy, un proceso que pudo haber tomado meses, terminó en días. "Travolta es mi amigo", explica Mike Medavoy desde Los Angeles, California. "Obtuve el permiso directamente de él. No estoy seguro de si tuvo ocasión de ver 'Tony Manero', pero le envié el DVD de la cinta". El otro problema fue adquirir los derechos de la música de los Bee Gees. "Los hermanos Gibson están peleados, así que tuvimos que negociar mucho para que se pusieran de acuerdo". También hubo un arduo trabajo dentro del equipo de 25 personas bajo las órdenes de la directora de arte Polín Garbisu ("La vida me mata", "B–Happy"), que debió recrear con lujo de detalles el Santiago de 1978, la moda imperante, los billetes, los boletos de micro, las marcas de cigarros, bebidas y comidas que ya no existen; la escenografía del desaparecido "Festival de la Una" y las calles santiaguinas de esos años. A falta de efectos especiales que solucionaran las cosas en la post producción, Polín Garbisu y su equipo cambiaron, por ejemplo, manualmente el entorno: 'Sacamos semáforos de las esquinas, encima de los lomos de toro pintamos adoquines, refaccionamos fachadas", enumera Polín Garbi su, quien dice que uno de sus objetivos fue trabajar con la "belleza de lo feo". "Uno de los rollos de la película es mostrar el contraste entre el Travolta de la pantalla de cine, atractivo, de Hollywood, y el Tony Manero chileno, con su decadencia y pobreza", dice la directora de arte. "Queríamos mostrar esa fealdad, pero de una manera bella".

PASO 3

Una tremenda provocación

Si hay algo que se aprecia en el Festival de Cannes es la provocación. La osadía para cruzar límites artísticos y ser insolentes. Si no, pregúntele a Quentin Tarantino y su ultra violento filme "Perros de la calle", a Michael Moore y su ácido documental "Farenheit 911" o al coreano Chan-Wook Park con su extrema cinta "Oldboy". Todos han sido reconocidos en Cannes, pues ése no es lugar para las cintas románticas ni las comedias. Acá se pide osadía, irreverencia, compromiso, y "Tony Manero" tenía todo eso y más para agradar a la crítica y los programadores de la Quincena de Realizadores, sección de Cannes que recluta las cintas más vanguardistas del mundo. "Desde un comienzo Pablo dijo que debíamos hacer un filme sin lincencias", recuerda el productor Juan de Dios Larraín. "Un filme osado, que saliera desde adentro, sin límites". Y la propuesta fue como una orden de partido entre los actores y el director. Así que si usted espera ver la dulce historia de un imitador de John Travolta al estilo Hollywood, con su momento de emoción prefabricada, la típica escena romántica y el triunfo del héroe frente a la adversidad, espere sentado. Esto tiene mucho más del avant–gard francés, de la insolencia europea de un Pasolini que del sueño americano de "Fiebre de sábado por la noche". El cóctel de osadía incluye un reguero de muertes a sangre fría. También se asoman desinhibidas escenas de desnudo y una polémica toma de unos segundos con sexo real. "No quiero que se arme un escándalo con eso, simplemente creímos que era una toma justificada para la historia", aclara el cineasta y llama a la madurez artística. En Cannes, por lo menos, entendieron el asunto y para el programador de la Quincena, Olivier Pere, "Tony Manero fue una de las mejores películas seleccionadas de 2008". El afiche de la cinta, con Alfredo Castro imitando la pose de Travolta, un brazo arriba y mano en la cintura, tapizaba los principales lugares de encuentro de la prensa y las celebridades. "Nos pedían más y más afiches. Habíamos hecho 100, al final tuvimos que hacer más de 300", recuerda Tomás Dittborn, creador del póster y de la foto con nuestro Tony Manero chileno.

Influencias chilenas y europeas

"Tony Manero" llamó la atención de la crítica internacional en Cannes porque, básicamente, se trata de una apuesta original, personal y distinta al típico cine Latinoamericano costumbrista. Cuenta Pablo Larraín que una de las inspiraciones que usó para filmar "Tony Manero" fue mirar mucho cine chileno de hace treinta años. "Leí una entrevista al director Sebastián Lelio (autor de 'Sagrada familia') donde decía que la papa eran películas como 'El chacal de Nahueltoro', 'El largo viaje' y 'Valparaíso mi amor"'. Películas con mirada política, social, fotografías de Chile en sus respectivos momentos. Dicho y hecho, "Tony Manero" se propone sacarle una foto a la realidad chilena en 1978, por una parte, mostrando señales del régimen militar en el poder a través del toque de queda y con agentes del gobierno cazando detractores. Y, por otra parte, vemos a un chileno como Raúl Peralta que ignora ese contexto y que se evade con la maquinaria cultural gringa, Tony Manero, las luces, el baile y Hollywood. Ese toque político encantó en Cannes, que siempre busca filmes con opinión y puntudos.

También les gustó a los franceses el hecho de que Pablo Larraín filmara con una cámara en movimiento, mostrando la decadencia, la pobreza, pero sin caricaturas. En ese sentido, una de las marcas de la hechura de "Tony Manero" es la influencia de los directores belgas, los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, ganadores de Cannes en varias ocasiones y autores de joyas como "El niño", "El hijo" y "Rosetta". "Pablo disfruta mucho con el cine de los Dardenne, sus aproximaciones morales y el modo de filmar", dice Juan de Dios. La propuesta, entonces, con una cámara en mano que sigue todo el tiempo a Alfredo Castro poseído por su personaje, Raúl Peralta, desenfoques intencionales, largos planos secuencias, vienen de esos modelos. Pero surge un nuevo estilo, sino de baile, de propuesta fílmica que ha encantado a la crítica y curadores de festivales internacionales. "Tony Manero" saldrá a bailar contra Clint Eastwood y su última película, "Changeling", nada más y nada menos, en el próximo festival de cine de Nueva York (que reúne las mejores cintas de la temporada) y acaba de ser invitada a competir a Tokio, San Sebastián y Londres. Sólo queda saber si el público chileno se moverá al compás de Tony Manera o esta reconocida cinta local bailará con la fea en suelo criollo.

LA OBSESIÓN DE LARRAÍN

El director Pablo Larraín lo pasó mal. Después de su primera película, "Fuga", que fue destrozada por la crítica, se sentía pésimo, recuerda Tomás Dittborn, quien fue productor de ese proyecto. "Pero cuando menos uno se lo imaginaba ya el Pablo tenía ganas de hacer una película inspirada en una foto que le gustó mucho: la de un tipo en calzoncillos, mirando por una ventana, del fotógrafo Marc Ansin, llamada 'Uncle Charlie"'. Así nació el germen de "Tony Manero". Pablo Larraín trabajó el guión como nunca antes, viajó a Cuba a pulirlo y hubo muchas versiones. Nunca se dio por rendido pese a que postuló a seis fondos concursables y los perdió todos, sin excepción. Las justificaciones de los jurados iban desde "los crímenes de la trama no se justificaban" hasta que "la temática no era interesante". Hubo desazón en el equipo de la película antes de comenzar el rodaje, pero, dice Juan de Dios Larraín, al final sacaron adelante el proyecto porque había fe en él. "Por eso, no podíamos creerlo cuando nos llamaron de Cannes para decir que estábamos seleccionados", recuerda. Todo por creer en una obsesión.

La decadencia de sus personajes hace una muy bella película...

La primera reacción de un señor que estaba sentado atras mio fue: "el cine chileno es una mierda... siempre se tratan los mismos temas". Yo quedé facinado con la sordidez ds la pélicula, pero la indignación del anciano me hizo seguirlo por el hall de la sala del cine, decía cosas como "no entiendo como fue seleccionada en cannes" o "era pornográfica" (por la escena de sexo oral supongo), un sabio que lo acompañaba dijo "es que en cannes ven puras weas".

Lo bueno de un filme controversial son las discrepancias que se generan en el público. Mientras unos se iban molestos con lo abrupto del final, otros iban con una sonrisa en sus caras. Me incluyo dentro del segundo grupo, ver a un anciano indignado por la crudeza de la pélicula me hizo pensar que quizás lo patético de Raúl Peralta lo hizo identificarse hasta el fondo de sus tripas, y eso nunca es placentero.

Miércoles 3 de Septiembre 2008

Viña del Mar

Una pésima película sobrevalorada, muy mala dirección, pésima fotografía y un guión lamentable. Como será de mala la película que cuando terminó la gente pifiaba en el cine, algo que nunca antes me había tocado vivir. Todas esas dobles lecturas que dan seudos críticos como el señor Aarón Reyes es mera paja molida… Otra duda que me queda después de verla ¿cuál es el negociado para poder sacar una película como esta, con calificación para mayores de 14 cuando debió haber sido para mayores de 18?… Lamentable todo lo que rodea a esta pobre película.
Señor Larraín mejor haga publicidad que eso le resulto bastante bien con su pelicula y usted Mateo Iribarren deje escribir a la gente que sabe y termine de una vez sus clases de actuación

Saludos desde México, acá nos gustó a todos en la sala, salvo a los hilenos que andaban por ahí que sólo dijeron "ese es un tipo patitico, odioso, loco" y el juicio al personaje se lo aplicaban a la pelicula (sería que eran chilenos neoliberales o eran ls chilenos que si veían los concursos de tv en la época de pinochet?).

 

Pero en fin, excelente actuación en primer lugar!!!, y la pelicula es cruda, atrevida...me desperté aun pensando en ella y con envidia (positiva) del buen cine que hicieron mientras en México nuestra pequeña industria del cine sigue con sus personajes estereotipados)

 

Muy recomedable!!!

como la corneta la pelicula, y el anciano del primer comentario tiene toda la razon: el cine chileno es una mierda.

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